El dulce retorno

 

Si vuelves…

come este dulce pan que te ofrezco

y bebe del agua agradecida,

bebe del dulce néctar de la vida

que el mezcal sella en tu boca.

Si vuelves

besa la imagen tuya en mi altar

de vida,

bésala con melancolía,

con nostalgia primorosa,

deja tu huella

en mi camino de flores,

de pétalos de mil atardeceres,

déjame tu aliento en el mole,

el aguardiente de tus pasiones,

déjame ver tu recuerdo,

y tu figura en el incienso,

que la extraño tanto y tanto extraño

tu olor,

mi amor de amores.

 

Si vuelves

sóplame al oído tu regreso

dame de ti un dulce recuerdo,

el beso

que ahogue este llanto

vida mía.

 

 

 

«Aguas con corrientes múltiples» • Poetas del Caribe colombiano nacidos en las décadas de los 80 y 90 • por William Jiménez • Parte II

Un feliz descubrimiento!

Avatar de pipa passesBuenos Aires Poetry

AGUAS CON CORRIENTES MÚLTIPLES
POETAS DEL CARIBE COLOMBIANO NACIDOS EN LAS DÉCADAS DE LOS 80 Y 90 • Parte II

POR WILLIAM JIMÉNEZ¹

Creo que fue Cobo Borda quien dijo que la poesía colombiana se encontraba inédita, pienso más bien que se encuentra en la marginalidad, estado que ha sido sumida por las editoriales, y un círculo cerrado que han establecido los poetas del centro, en ese juego de elogios y aplausos recíprocos del panorama literario, de la juerga mediática, del contrabandeo de dádivas del poder, mejor dicho en la periferia de las regiones, como todo hecho político en este país; es allí donde la poesía que se escribe en los departamentos que conforman la región Caribe de Colombia (Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena, San Andrés y Providencia y Sucre), configura un hecho político entre centro y margen, un radical encuentro de estéticas, recordemos a Verlaine :“El poeta…

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Los huesitos de mamá y otros relatos – Breves reseñas

Los huesitos de mamá y otros relatos

Maria Susana es el nombre de un triangular pueblo en medio de la Pampa Argentina donde los once relatos o cuentos -no sabemos- acontecen. Su autora nos dice que mucho hay de verdad y de ficción, y que estas, verdades y ficciones se desarrollan juntas de principio a fin durante toda la obra, de ahí que no sabemos cómo clasificar tan pintoresco libro. Entre los recuerdos de una prodigiosa memoria, la de su autora, destacan las historias de una tímida pero vivaracha niña de origen inmigrante (italianos) narradas en primera persona con el elocuente, fluido y despreocupado lenguaje de Rita -nuestra niña en cuestión- mezclado con el pensamiento pueblerino de los tiempos relatados, trasladándonos de forma inmediata al singular pueblo, también de trazo y origen singular.

Un poema nos da la bienvenida, pero no cualquier poema, sino uno que de antemano nos anticipa la descarga nostálgica de los recuerdos que hacemos nuestros, poco a poco, al pasar de las páginas. Como dije, once son los relatos que nos toman desprevenidos y sin dejar cabos sueltos. Pareciera que nuestra autora nos conoce y nos atrapa en deliciosa carcajada tratando de recordar personajes que no conocimos, ¡que tontos! es un libro. Pero insistimos, y queremos saberlo todo de Rita, de las hermanas Delfino, del turco sucio que no era ni turco ni sucio ¡Spoiler! del negro Col y la pequeña Amalia y más aún, del pueblo mismo. Seguirá dividido, geográfica y socialmente por las vías del tren? Seguirá con su forma tan singular después de tantos años? Y sus pobladores…?

Es curioso como un libro, cuyas historias suceden a miles de kilómetros al sur del país de uno, con más de cincuenta años de distancia y con solo el idioma por unión, logra identificarse con el lector a través de los detalles, vivencias y por menores más irrelevantes. Ese comercio de la esquina que la autora sitúa sin importancia se revela de repente como una relación cósmica con el pasado nuestro. Esa frase dicha distinta pero con el mismo significado. Esa costumbre extraña pero tan familiar nos dice algo. Entonces nos cae el veinte (expresión mexicana) y comprendemos que a pesar de lo enorme del territorio latinoamericano, con toda su pluralidad de lenguajes, culturas, etnias y sociedades, somos una memoria repetida, una experiencia vivida una y otra vez sobre un camino de espejos, donde nosotros -caminantes-, nos vemos reflejados los unos a los otros. El idioma fue el hilo primigenio, pero hoy, nos une algo más.

Rita Sturam Wirkala es el nombre de la autora, también profesora y querida miembro del grupo de escritores Seattle Escribe. Después de veinte años de enseñanza literaria en la Universidad de Washington, en la ciudad de Seattle, escribe El Encuentro y Las aguas del Kalahari, sus dos últimas novelas con las que ésta reconocida autora ha logrado posicionarse como una consentida en nuestra comunidad. A la par, cuenta también con obras de literatura infantil y numerosas traducciones del ingles al español. En su blog, Rita nos regala algo de su talento con sus maravillosas poesías, cuentos y relatos.

https://ritasturamwirkala.com/

¡Invitados están, a una lectura maravillosa!

 


 

Seattle in Flames

 

Voracious

the city feeds,

it grows with its concrete arms

squashing

primordial virtue,

creating ecosystems of opulence,

of fantasy, of misery,

of utopia versus reality.

The city

keeps growing

incessant,

cold, humid, impatient

with its steel, long-necked beasts

devouring forests, lakes

history, martyrs

stories and memories,

washing away faults

and fortunes,

creating magnificent infrastructure

in pursuit

of modernity.

Brilliant;

The city flickers and shines

luminous

it knows it is powerful

it dresses in light every night

seducing the court

of a nebulous imperial palace.

And it lies

Intoxicated

in its cradle of mountains,

bundled

in an almost eerie verdure,

its towers

rise up defiantly,

sharply,

it expands into boulevards,

bridges and streets,

restaurants,

offices,

museums, houses, and businesses,

plazas like temples,

mansions

more mansions

and more businesses

dealing in moments that satisfy lives,

in truths that taste of lies

and general prostitution.

Then;

The port opens

daunting

with its giant, threatening iron crows

waiting to disembark,

fat floating fish

from Asia, Oceania

Latin America, and Canada

they arrive, they make offerings

and they leave.

To the south,

the airport

flowing with history, desires

with its thousands of currencies and passports

nourishing the city.

Forward!

The monorail moves forward rapidly

from Seatac to the exorbitant university,

the cars, the taxis, trucks

rush headlong in a stampede down the grand highway

from north to south and from south to north

like a spinal cord.

Don’t you hear it?

They scream

the inhabitants scream

frenetic,

some living and others dead

the innocent

and the indecent of unspeakable notoriety,

listen to them scream

in the glaring stadiums,

concerts,

nightclubs,

parks

and streets, hospitals,

in pain, with jubilation, out of hunger,

for justice

or on the corners

dressed in fictitious poverty,

starving for pity,

for heroin

victims of a system that is never discussed,

dozing off in a toxic breeze

called reality.

They also scream

Oh sacred and exemplary democracy!

in their marches

marked by ambiguous propaganda

by indifference, by short-lived truths

or truths that burn,

the anarchists,

feminists,

homosexuals,

those from the reclaiming and bleeding right,

the first-world left,

the hipster bourgeoisie,

the nonconformists,

refugees, activists,

absolutists, hypocrites,

the politically incorrect,

the whites, the blacks

and the whites against blacks,

those against everyone,

those who passed by here,

and… ah! the immigrants,

Asians, Africans, Latin Americans

trying to live a dream that does not exist

in the land of miserly freedom.

But they keep screaming

Obstinate!

in the gardens of Mercer Island,

Medina, and Madison Park,

in kitchens,

taxis,

construction sites

with their deformed lexicon

cultivating nine-digit dreams

that taste like social security.

It purrs,

the city purrs

like a drunken cat,

dizzy with prosperity,

in its alleys and under its bridges

with its indigents,

on Aurora Avenue like a seductive street-walker

or on the Hill with its bars and cantinas

or on any corner

of Pioneer Square.

And it laughs;

The city laughs shamelessly

don’t you see it?

because she knows she is worshipped

by the religious,

artists,

liberals and nationalists,

by those worth nothing and those worth everything

the city feeds

hungry

for the wise and the ignorant

it seduces the audacious,

dividing them

into ethnicities, genders, languages

into races, like dogs!

many prisoners

of their fears and misfortunes

of a blind, limbless, and mute government

and cities that look like prisms

incapable of bearing the weight of such diversity.

But;

The city sings, the city cries,

the city lives, creates, destroys

and transforms itself,

it vibrates!

in each moment,

with each immigrant

with every laugh, at every station,

with each death and with each birth,

with every march and every scream of truth,

with every investor,

with every orgasm,

with every praise,

with every tree,

with every wave of the sea.

Long live the city!

 

Translated by Marie Garcia

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