Poema seleccionado para la antología «El Juego de la Lotería» en el Segundo Certamen Literario en Español – Seattle Escribe 2018.
Poema seleccionado para la antología «El Juego de la Lotería» en el Segundo Certamen Literario en Español – Seattle Escribe 2018.
Si vuelves…
come este dulce pan que te ofrezco
y bebe del agua agradecida,
bebe del dulce néctar de la vida
que el mezcal sella en tu boca.
Si vuelves
besa la imagen tuya en mi altar
de vida,
bésala con melancolía,
con nostalgia primorosa,
deja tu huella
en mi camino de flores,
de pétalos de mil atardeceres,
déjame tu aliento en el mole,
el aguardiente de tus pasiones,
déjame ver tu recuerdo,
y tu figura en el incienso,
que la extraño tanto y tanto extraño
tu olor,
mi amor de amores.
Si vuelves
sóplame al oído tu regreso
dame de ti un dulce recuerdo,
el beso
que ahogue este llanto
vida mía.
Por Noé Vazquez Ella es Daniela. ¿La han visto? ¿No? Tal vez deberían. Quisiera describirla: Daniela es alta. Es su rasgo fundamental. Es posible que la imaginación, que asigna supuestos y engendra valores, la haya colocado en una altitud literal y metafórica. 2.180 palabras más a través de Daniela es a lo lejos un árbol — […]
Les comparto nuestro último programa… saludos desde Seattle! https://soundcloud.com/seattleescribe-896719820/literatura-infantil-el-principito-84-anos-de-la-muertes-de-antoine-de-saint-exupery
Como parte de mis actividades en la dirección de medios de un maravilloso grupo de escritores llamado Seattle Escribe, me toca dirigir un nuevo proyecto piloto para esta organización. Un espacio radial en el que los temas literarios serán centrales y en el que principalmente buscamos incentivar la lectura y escritura en nuestra comunidad hispana. […]
¿A que juegas, Marie? —Pregunta la vieja gata callejera— ¿A qué juegan tus dedos de marfil golpeteando la acera? ¿A qué deseo oculto le brillan distraídas las lagunas de tus ojos y le otorgan los suspiros de mujer escapando de tu boca que brotan como rosales en tu campiña francesa imaginaria? ¿A dónde se […]
Capítulo 2 – NUNCA TE FUISTE

A mi padre…
Un día cuatro de enero de aproximadamente 10 años murió Julian –mi padre– del cual guardo pocos recuerdos, según yo ninguno bueno. Recuerdo, por ejemplo; una mañana de mi niñez a mi abuela levantándome con prisas advirtiéndome que papá había llegado para llevarme al cine ¡al cine! entonces feliz y veloz me levanté para vestirme de inmediato, pero al salir de la recamara lo vi a él —a Julian— parado en la sala esperándome como la más fría de las columnas, y revivo mi tristeza, mi decepción porque a quién yo esperaba realmente era a papá Alfonso, el hombre que me había educado como a un hijo desde que Julian nos abandonó. La confusión de la abuela me supo amarga. Recuerdo que ese día me llevo al cine y a comer como lo prometido, y también que pase una tarde por de más extraña, deseando a cada minuto que terminara. Nada me ataba ya a él, nada en su voz me era familiar, ya no éramos padre e hijo y después de tan desafortunada tarde no volví a saber de él en años, como de costumbre. Julian se convirtió así en un recuerdo difuso, áspero, una imagen vaga que no coincidía en mi historia, la foto enmohecida en un álbum de recuerdos. Y aún parecen vivir lucidas en mi memoria las ultimas veces que lo escuché —varios años después— cuando vivíamos de punta a punta, yo en Los Cabos y él en Cancún. Al principio Julian buscaba conversación pero yo propiciaba no hablar con él más de lo necesario, era tan raro escucharlo llamarme <hijo>. Las últimas veces solo lo saludaba con la debida cortesía para pasarle rápidamente el teléfono a mi tía —su hermana— con quien yo vivía en los tiempos relatados. Para aquel entonces todos sabíamos que sufría una intensa depresión y que incluso había atentado contra su vida en varias ocasiones. Su voz se escuchaba pausada, melancólica, como arrastrando en cada frase el peso de su tristeza, pero a mí ello poco me importaba, lo más que podría sentir por él era lástima. Creo que él presentía su final y a los pocos días recibí una última llamada… estaba muerto.
Es curioso como el tiempo cambia las perspectivas, y al hombre que un día odié por no recibir de él más que indiferencia, hoy le agradezco con la humildad que «no me caracteriza» parte de lo que soy. A veces, me descubro viéndolo en el reflejo de mi espejo y me doy cuenta que de él guardo más de lo que hubiese imaginado y peor aún, de lo que yo hubiese querido admitir. Que más allá de un parecido físico se esconden miedos, fortalezas, debilidades, talentos y sueños compartidos. Entonces creo entenderlo, creo reconocer sus fantasmas, sus razones, lo compadezco y me compadezco a mí por juzgarlo, por odiarlo, por no buscarlo cuando quise y quisiera entonces sentir sus manos, abrazarlo, exigirle a gritos un “por qué” y entregarle sin explicaciones un “te perdono”. Decirle que el vive en mí aunque yo no quiera y que a través de mí vivirá en mi descendencia, en mi memoria y en mis letras.
Hoy, su imagen no me parece tan difusa, ya no me resulta extraño llamarle «padre», hoy mi historia con él ya no duele tanto y la integro —nuestra historia— al rompecabezas de mi vida como la más inevitable y necesaria lección. Pero la vida vaya que se empeña en sorprenderme todavía y así, el único recuerdo bueno que guardo de mi padre nació a travez de su muerte, con los libros que me dejó como herencia ¡Una total sorpresa! Una herencia que no esperaba como nunca espere nada de él. Tal vez su intuición se lo dictó, tal vez me conocía más de lo que yo alguna vez pensé, tal vez fue el peso de la sangre o una relación cósmica, tal vez es solo mi imaginación, un deseo oculto, un dulce y necesario auto-engaño, un perdón a destiempo, tal vez…
…..
Aún guardo conmigo los libros que me diste
junto a todos los abrazos y besos negados,
guardo en años de recuerdos tus ausencias,
el impulso de tus sueños
y el peso de tus fracasos.
Guardo con mi madre todas tus caricias,
la protección de tus brazos en los de mi hermano,
todavía tengo de ti, papá
el mismo pelo negro, salvaje y ondulado
el mismo diente chueco, tu reflejo en mis espejos,
tengo tu altives
y el egoísmo de tus actos.
Aún guardo el tono de tu piel en la mía
y el apellido que me diste sin usarlo,
todo el amor que no te di, todo el calor de mis manos
y en mi memoria
tristes aún habitan tus ojos,
tristes aún resuenan las voces del naufragio.
En un cajón del ropero viejo de mi infancia
guardo celoso las risas y los llantos
y nuestras mejores fotos juntos,
extraviadas
en un tiempo que solo existe entre memorias inventadas
y nostalgias del pasado.
…..
Tú, me debes un padre y yo aún te guardo un hijo.

Obra pictórica del maestro Pablo Picasso (periodo rosa).
Capítulos anteriores ⇓
https://milenguanativa.com/2019/05/14/relatos-de-mis-multiples-infancias/
https://milenguanativa.com/2019/07/03/relatos-de-mis-multiples-infancias-2/

Voraz
se alimenta la ciudad,
crece con sus brazos de concreto
aplastando
la virtud primigenia,
creando ecosistemas de opulencia,
de fantasía, de miseria,
de utopía versus realidad.
La ciudad
sigue creciendo
incesante,
fría, húmeda, impaciente
con sus alimañas de acero y largos cuellos
engullendo bosques, lagos
historias, mártires,
relatos y memorias,
lavando culpas
y fortunas,
creando magnífica infraestructura
en pos
de la modernidad.
Brillante;
La ciudad parpadea y brilla
luminosa,
se sabe poderosa,
se viste de luces a cada noche
seduciendo una corte
de un nebuloso palacio imperial.
Y yace,
Intoxicada
en su cuna de montañas,
abrigada
de un verdor casi fantasmal,
sus torres
se alzan desafiantes,
punzantes,
se extienden los bulevares,
puentes y calles,
restaurantes,
oficinas,
museos, casas y comercios,
plazas como templos,
palacetes,
más palacetes
y más comercios
de momentos que satisfacen vidas,
de verdades que saben a mentiras
y prostitución general.
Entonces;
El puerto se abre
apabullante
con sus gigantes cuervos de hierro amenazante
esperando desembarcar,
gordos peces flotantes
de Asia, Oceanía
Latinoamérica y Canadá
llegan, ofrendan
y se van.
Al sur,
el aeropuerto
fluyendo de historias, anhelos
con sus miles de divisas y pasaportes
nutriendo la ciudad.
¡Avanza!
El monoriel avanza de prisa
desde Seatac hasta la impagable universidad,
los coches, los taxis, camiones
se abalanzan en estampida por la grande avenida
de norte a sur y del sur al norte
cual columna vertebral.
No escuchas?
Gritan
los habitantes gritan
frenéticos,
unos vivos y otros muertos
inocentes
e indecentes de indecible notoriedad,
escúchalos gritar
en los estadios fulgurantes,
conciertos,
centros nocturnos,
parques
y calles, hospitales,
de dolor, de algarabía, de hambre,
de justicia
o en las esquinas
vestidos de pobreza ficticia,
hambrientos de lástima,
de heroína
víctimas de un sistema que nunca es tema,
adormecidos en una brisa tóxica
llamada realidad.
Gritan también
¡Oh sagrada y ejemplar democracia!
en sus marchas
marcadas de ambigua propaganda
de indiferencia, de verdades cortas
o verdades que queman,
los anarquistas,
feministas,
homosexuales,
los de la derecha reclamante y sangrante,
la izquierda primer-mundista,
la burguesía hipsteriana,
los inconformes,
refugiados, activistas,
absolutistas, hipócritas,
los políticamente in-correctos,
los blancos, los negros
y los blancos contra negros,
los contra todos,
los que pasaban por ahí,
y… ¡ah! los inmigrantes,
asiáticos, africanos, latinoamericanos
tratando de vivir un sueño que no existe
en la tierra de la mezquina libertad.
Pero siguen gritando
¡Obstinados!
en los jardines de Mercer Island,
Medina y Madison Park,
en las cocinas,
los taxis,
las construcciones
con su léxico deforme
acariciando sueños de nueve dígitos
con sabor a seguro social.
Ronronea,
la ciudad ronronea
como gata embriagada,
mareada de prosperidad,
en sus callejones y debajo de sus puentes
con sus indigentes,
en la avenida Aurora cual caminante seductora
o en la colina con sus bares y cantinas
o en cualquiera de las esquinas
de Pioneer Square.
Y se ríe;
La ciudad se ríe descarada
no la ves?
porque se sabe idolatrada
por religiosos,
artistas,
liberales y nacionalistas,
por los que nada valen y los que lo valen todo,
la ciudad se alimenta
hambrienta
de sabios e ignorantes
seduce a los audaces,
dividiéndolos
en etnias, géneros, lenguajes
en razas ¡como perros!
muchos prisioneros
de sus miedos e infortunios
de un gobierno tuerto, manco y mudo
y ciudades que parecen prismas
incapaces de cargar el peso de tanta diversidad.
Pero;
La ciudad canta ,la ciudad llora,
la ciudad vive, crea, destruye
y se transforma,
¡vibra!
a cada instante,
a cada inmigrante
a cada risa, a cada estación,
a cada muerte y a cada nacimiento,
a cada marcha y a cada grito de verdad,
a cada inversionista,
a cada orgasmo,
a cada alabanza,
a cada árbol,
a cada ola de mar.
¡Larga vida a la ciudad!


Fuiste flor de café todas tus mañanas
flor de sigilo cada madrugada
de enaguas vaporosas, rústicas sandalias
fuiste noche de aguardiente
lamento de paisana.
Olías a pan dulce
albahaca y hierbabuena
a frijoles con totopos y carne de Chinameca
olías a perfume de olvido
Florentina
a fruta madura en la mesa
noche y día.
Larga tu trenza y largas tus costumbres
añeja tu lengua, añejas tus virtudes
fuiste mujer de gruesa corteza
flor de iguana
fuiste voz de milagroso rezo
Guadalupana.
Baila esta sandunga mi flor de tehuana
luce tu ahogador de fina filigrana
brinda con mezcal de amores
abuela mía
brinda por tu muerte, brinda por la vida
que las flores del camposanto
ya no cierran… Florentina.

Arte del maestro Diego Rivera