Como parte de mis actividades en la dirección de medios de un maravilloso grupo de escritores llamado Seattle Escribe, me toca dirigir un nuevo proyecto piloto para esta organización. Un espacio radial en el que los temas literarios serán centrales y en el que principalmente buscamos incentivar la lectura y escritura en nuestra comunidad hispana. […]
40° Centígrados (de temperatura corporal) Por Moises J. Himmelfarb I ¿Por qué el balbuceo de anoche? Como el asfalto de suburbios alucinógenos, cuando llena la cara de lodo, anhelo de ciprofloxacino, 210 palabras más
¿A que juegas, Marie? —Pregunta la vieja gata callejera— ¿A qué juegan tus dedos de marfil golpeteando la acera? ¿A qué deseo oculto le brillan distraídas las lagunas de tus ojos y le otorgan los suspiros de mujer escapando de tu boca que brotan como rosales en tu campiña francesa imaginaria? ¿A dónde se […]
Un día cuatro de enero de aproximadamente 10 años murió Julian –mi padre– del cual guardo pocos recuerdos, según yo ninguno bueno. Recuerdo, por ejemplo; una mañana de mi niñez a mi abuela levantándome con prisas advirtiéndome que papá había llegado para llevarme al cine ¡al cine! entonces feliz y veloz me levanté para vestirme de inmediato, pero al salir de la recamara lo vi a él —a Julian— parado en la sala esperándome como la más fría de las columnas, y revivo mi tristeza, mi decepción porque a quién yo esperaba realmente era a papá Alfonso, el hombre que me había educado como a un hijo desde que Julian nos abandonó. La confusión de la abuela me supo amarga. Recuerdo que ese día me llevo al cine y a comer como lo prometido, y también que pase una tarde por de más extraña, deseando a cada minuto que terminara. Nada me ataba ya a él, nada en su voz me era familiar, ya no éramos padre e hijo y después de tan desafortunada tarde no volví a saber de él en años, como de costumbre. Julian se convirtió así en un recuerdo difuso, áspero, una imagen vaga que no coincidía en mi historia, la foto enmohecida en un álbum de recuerdos. Y aún parecen vivir lucidas en mi memoria las ultimas veces que lo escuché —varios años después— cuando vivíamos de punta a punta, yo en Los Cabos y él en Cancún. Al principio Julian buscaba conversación pero yo propiciaba no hablar con él más de lo necesario, era tan raro escucharlo llamarme <hijo>. Las últimas veces solo lo saludaba con la debida cortesía para pasarle rápidamente el teléfono a mi tía —su hermana— con quien yo vivía en los tiempos relatados. Para aquel entonces todos sabíamos que sufría una intensa depresión y que incluso había atentado contra su vida en varias ocasiones. Su voz se escuchaba pausada, melancólica, como arrastrando en cada frase el peso de su tristeza, pero a mí ello poco me importaba, lo más que podría sentir por él era lástima. Creo que él presentía su final y a los pocos días recibí una última llamada… estaba muerto.
Es curioso como el tiempo cambia las perspectivas, y al hombre que un día odié por no recibir de él más que indiferencia, hoy le agradezco con la humildad que «no me caracteriza» parte de lo que soy. A veces, me descubro viéndolo en el reflejo de mi espejo y me doy cuenta que de él guardo más de lo que hubiese imaginado y peor aún, de lo que yo hubiese querido admitir. Que más allá de un parecido físico se esconden miedos, fortalezas, debilidades, talentos y sueños compartidos. Entonces creo entenderlo, creo reconocer sus fantasmas, sus razones, lo compadezco y me compadezco a mí por juzgarlo, por odiarlo, por no buscarlo cuando quise y quisiera entonces sentir sus manos, abrazarlo, exigirle a gritos un “por qué” y entregarle sin explicaciones un “te perdono”. Decirle que el vive en mí aunque yo no quiera y que a través de mí vivirá en mi descendencia, en mi memoria y en mis letras.
Hoy, su imagen no me parece tan difusa, ya no me resulta extraño llamarle «padre», hoy mi historia con él ya no duele tanto y la integro —nuestra historia— al rompecabezas de mi vida como la más inevitable y necesaria lección. Pero la vida vaya que se empeña en sorprenderme todavía y así, el único recuerdo bueno que guardo de mi padre nació a travez de su muerte, con los libros que me dejó como herencia ¡Una total sorpresa! Una herencia que no esperaba como nunca espere nada de él. Tal vez su intuición se lo dictó, tal vez me conocía más de lo que yo alguna vez pensé, tal vez fue el peso de la sangre o una relación cósmica, tal vez es solo mi imaginación, un deseo oculto, un dulce y necesario auto-engaño, un perdón a destiempo, tal vez…
…..
Aún guardo conmigo los libros que me diste
junto a todos los abrazos y besos negados,
guardo en años de recuerdos tus ausencias,
el impulso de tus sueños
y el peso de tus fracasos.
Guardo con mi madre todas tus caricias,
la protección de tus brazos en los de mi hermano,
todavía tengo de ti, papá
el mismo pelo negro, salvaje y ondulado
el mismo diente chueco, tu reflejo en mis espejos,
tengo tu altives
y el egoísmo de tus actos.
Aún guardo el tono de tu piel en la mía
y el apellido que me diste sin usarlo,
todo el amor que no te di, todo el calor de mis manos
y en mi memoria
tristes aún habitan tus ojos,
tristes aún resuenan las voces del naufragio.
En un cajón del ropero viejo de mi infancia
guardo celoso las risas y los llantos
y nuestras mejores fotos juntos,
extraviadas
en un tiempo que solo existe entre memorias inventadas
y nostalgias del pasado.
…..
Tú, me debes un padre y yo aún te guardo un hijo.
Obra pictórica del maestro Pablo Picasso (periodo rosa).
Rita Sturam Wirkala, escritora argentina residente de la ciudad de Seattle (E.E.U.U.) ha publicado en Los Estados Unidos y en España, donde ha recibido positivas reseñas literarias.
Rita escribe novelas (El encuentro – Las aguas del Kalahari), poesía, ensayos académicos en literatura española y libros de texto. Es traductora de libros de niños, compositora de canciones infantiles, y fundadora de All Bilingual Press. Asimismo, Rita conduce las clases de escritura creativa en español del grupo de escritores hispanos Seattle-Escribe, una serie auspiciada por la Fundación de la Biblioteca Pública de Seattle.
Después de 20 años de enseñanza en la University of Washington, Rita está parcialmente jubilada, y dedica su tiempo a escribir, viajar y cuidar a sus cinco nietos. Sus extensos viajes así como lecturas en diferentes áreas más allá de la literatura (antropología, psicología, filosofía y ciencias) informan e inspiran todo su trabajo.
Su tesis doctoral sobre el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita, refleja asimismo su profundo interés en la rica tradición cuentística medieval.
El sol era joven cuando el fuego hervía
en entrañas rojas de nuevos volcanes;
y el mundo giraba y ardía y bullía
y seguía su elíptica órbita fija,
en roca brutal.
La Tierra era eso: una bola encendida
azotada de rayos, de eléctricos vientos,
sin agua, sin mares, sin ríos, sin vida,
era el tiempo extraño de los elementos
del ser potencial.
Al paso del tiempo las piedras hirvientes
mojadas de lluvias perdieron calor;
crecieron los mares, y el fondo bullente
de un caldo viviente produjo el milagro
en cuna de sal.
Moléculas simples un juego iniciaron:
Cadenas crecientes de sus minerales
tejieron racimos y se combinaron.
Y en el vientre oscuro del mar comenzaron
su danza primal.
¿Tal vez fue el Amor, lo que los unía
para que la vida pudiera mostrarse?
¿Ha sido quizás la Primera Alegría
que tuvo el Planeta en tiempos sin nombre
de andar Primordial?
Primero fue apenas un ser transparente,
redondo, sin centro, unicelular.
Más tarde, un microbio con núcleo incipiente,
y luego bacterias y amebas tomaron
el paso inicial.
Tan pronto la vida explotó inconsciente
y sin los recuerdo de formas pasadas,
cada especie a su forma dejó su simiente.
Poblaron mares. Del mar a la tierra
fue el salto crucial.
La tierra ya era burbuja explosiva
de líquenes, musgos, de lianas y palmas,
Surcaban el cielo alas primitivas
y seres terrestres trazaron sus rutas
en corte nupcial.
Mamíferos chicos y grandes surgieron
y otros, que dicen, de mente especial.
Lémures, simios, macacos vinieron
y otros sin pelo y sin cola nacimos
del mismo ramal.
Por eso yo siento que soy barro tibio,
burbuja de aquella noche elemental;
microbio y gusano y la pata de anfibio
que marcó la arena al salir del mar.
Y soy algo más.
Soy ojos de ciervo y garra del puma,
aguijón de abeja y pies de ciempiés;
soy paja del nido, soy pico, soy pluma,
murciélago, cobra, caballo y mandril.
Pero hay algo más.
Yo llevo en mis huesos la historia del mundo.
Soy todo lo antiguo que en la tierra anduvo;
pero hay algo eterno que brilla profundo,
que fuera del tiempo titila aquí adentro.
Yo soy algo más.
Yo soy algo más.
Asphodele
Búsqueda
…
No busques a Dios en la estatua de yeso
de ojos velados en humo de incienso.
Ni en bellas estampas ni en cruz de un altar,
no importa si es oro o basto metal.
Tampoco lo busques en templos lejanos
o santuarios hechos por humanas manos.
Ni en coro de voces de rica armonía
ni en las cadencias de sus melodías.
Ni en cuevas ocultas o en torres grandiosas
que erigen los hombres a dioses y diosas.
Ni en seres cubiertos de negras sotanas,
o de altos sombreros, o de barbas vanas.
Ni en esos que alegan tratar con misterios,
no importa el rango de sus ministerios.
Ni en el Campo Santo donde al fin reposan
los huesos sin almas en resecas fosas.
Tampoco está Dios en los libros sagrados
de ayer o de hoy o de tiempos pasados.
No busques, en fin, en mundano sistema
de dogma, doctrina, ritual o emblema.
Búscalo, sí, en la gran geometría
del cosmos y el átomo y su simetría.
O aún más Allá, en la Causa Primera,
que engendra la luz de galaxias enteras.
O en la fuerza ignota que anima, constante,
a un universo que cambia y se expande.
O en el bien templado consonante acorde
del Cosmos entero, aparente desorden.
Pues Ello resuena en el exquisito
cantar de los astros, el himno infinito,
luego y antes de aquel Primer Acto
que dio a las estrellas el tácito pacto.
Búscalo, al fin, en la forma sin forma
del raro vislumbre que a tu Ser transforma.
Y del Rostro Inefable verás un reflejo,
puliendo tu alma hasta ser Su Espejo.
Une ombre respirante
Subjetividad
…
De opacidad e inconsistencia
están hechos
los sueños y recuerdos.
La indiscutible realidad
se resquebraja
en su móbil espejo en la consciencia:
porque ella muda el diseño,
y otro nuevo
va escogiendo en cuanto danza.
De luces y de sombras
se alimentan
eventos y memorias.
La irrefutable realidad
se desintegra
y la mente recombina la materia:
Y así se escriben las historias
y se alteram las vivencias.
L’Amour sans condition
Menino bahiano (DE BRASIL)
I
El niño dibujo en la arena y espera,
y piensa en la cesta de peces dormidos
que trae en la barca su padre.
El oro escarlata en la brillante esfera
se ha vuelto ceniza y descolorido,
y un viento de hielo lo barre.
El cielo se cubre de nubes pesadas
y en el horizonte, que era acuarela,
ahora no hay hombres ni barcas.
El mar turbulento en la tarde cerrada
no deja en la costa ni redes ni velas,
apenas un niño que aguarda.
II
─Pescador: tú que sabes del bello trabajo
de hablar con los peces en el altamar.
¿Has visto a mi padre pescar?
─No, no he visto a tu padre pescar.
─Caracol, dulce amigo, que vives abajo
y ves a los barcos encima flotar:
¿Tú has visto a mi padre pasar?
─No, no he visto a tu padre pasar.
─Yemanyá, diosa hermosa: tú eres quien trajo
las aguas del río a llenar la mar.
¿Lo has visto tal vez naufragar?
─Pues sí, pues no… déjame recordar…
III
De pronto y sin causa el mar se serena.
El niño dibuja en la orilla y espera,
y piensa en los peces durmiendo.
Las olas arrojan la barca a la arena,
y el hombre, temblando y cargando la cesta,
le dice a su hijo, sonriendo:
─Ya ves, he venido. Ve y dile a tu madre
que ya he traído la cena.
Fue en el viejo Café la Poesía de Buenos Aires donde la viajera y traductora Marie Garcia se encontró con el que se convertiría en uno de sus poemarios favoritos… ahí escondido entre los libros de una estantería junto al piano del icónico lugar. Mi vida, los caminos es el titulo del poemario donde nuestra viajera leyó y se enamoro de un poema en particular; meses más tarde se dispuso a localizar a la autora para obtener su permiso de publicarlo en su blog personal.
Fue también con un café, esta vez en la casa de la viajera a 11,000 kilómetros al norte de la capital argentina que conocí la obra de la poeta en cuestión. La conexión fue instantánea y desde entonces busque compartir una obra digna de leer y más aún, de sentir una y otra vez.
Médica, egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), con diploma de honor. Especialidad: Neuróloga Universitaria. En el año 2002 la Asociación Pablo Menassa de Lucia, en su 3ª convocatoria, concedió el primer premio de psicoanálisis al libro Psicoanálisis y Medicina. En el año 2003 la Asociación Pablo Menassa de Lucia, en su 4ª convocatoria, concedió el Tercer premio de poesía (ex aequo) al libro Claveles españoles.
Libros de poesía publicados: De tantos vuelos, Eva buenosayres, Claveles españoles, Mi vida, los caminos.
Los cuerpos se entrelazan ignorantes de su naturaleza asesina, inocentes de su genetica rabiosa, de la perversidad que los impulsa a transmutarse en lo salvaje atravesando lo salvaje. Yo… como uno de esos cuerpos; me declaro no culpable. Y si es que gano la batalla, si logro descuartizar con garras y dientes la otra humanidad, me declaro no culpable de sentir placer, en el hermoso e infame acto de constricción.